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¡Soy el viento de Pentecostés, que siempre actúo en los márgenes de la vida, en lo pequeño y frágil
para mostrar a todos la opción de Dios por los pobres.
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Soy el viento de Pentecostés, que vuelve a soplar con fuerza.
Veo a sus grupos y comunidades,
percibo las inercias y deterioros en el caminar.
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La oración es una actitud hacia la vida que ve cada cosa y cada persona como algo innegablemente sagrado…
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“Todos los creyentes vivían unidos y ponían todo en común.. compartían con alegría y sencillez de corazón” (Hch 2, 44.46)
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En nombre del Espíritu fraterno de Dios, creemos que la Iglesia es una comunión de rostros diversos hermanados,
no por la imposición y el temor sino por el anhelo de incluir, compartir y consolar.
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¡Soy el viento de Pentecostés, que engendro, admiro y defiendo la diversidad! Me gusta el pluralismo,
la variedad, la comunión en la diferencia…